Para que Chile se consolide como un actor agroalimentario relevante en el mercado mundial, deberá asumir una serie de desafíos tendientes a mejorar la competitividad de sus empresas agrícolas, impulsar el desarrollo de productos de calidad, tener un buen posicionamiento de imagen país e integrarse en las cadenas de comercialización.
Así lo plantea el Banco Mundial en un reciente informe elaborado a solicitud del FIA, del Minagri, estableciendo un plan de acción que busca aumentar la capacidad del sistema de innovación agrícola con miras al año 2030.
En base al diagnóstico de la realidad actual, el Banco Mundial propone un plan que combina la acción de las políticas públicas con el desarrollo del sector privado, de esta forma, se plantea el rol clave del factor humano en el proceso productivo y la necesidad de dar una capacitación adecuada y permanente a trabajadores y profesionales, de manera de mejorar la calificación de los recursos humanos del sector.
En forma complementaria y considerando la creciente escasez de mano de obra y sus altos costos, se propone por una parte generar incentivos para retener a la mano de obra rural e impulsar la mecanización y automatización de los procesos y labores agrícolas.
Otro tema que se visualiza como clave es el uso de tecnología para el manejo de la información de manera de poder tomar decisiones acertadas y oportunas, y la ampliación de certificaciones productivas y de calidad a las empresas, para las diferentes áreas dentro de la agricultura.
Una indicación general, observa que para posicionar a Chile en los mercados externos como proveedor confiable y de productos de calidad, es necesario desarrollar técnicas que permitan mejorar la post cosecha de la fruta, sus embalajes y formatos de comercialización.
También se considera la importancia del financiamiento para el desarrollo de las empresas del sector. En este sentido se sugiere instaurar una mejor combinación de instrumentos para conseguir un equilibrio entre financiamiento estable, financiamiento competitivo, contratos de cumplimiento, desarrollo de recursos humanos, apoyo al sector privado y para infraestructura, equipamiento, entre otros.
Esta mirada externa de nuestra realidad agrícola nos permite objetivar los desafíos, cambios e innovaciones que debemos llevar adelante para alcanzar la meta de ser una potencia agroalimentaria. Queda clara también la necesidad de un trabajo conjunto entre el mundo público, privado, gremial y académico para avanzar en este objetivo, tarea que todos los actores deberemos asumir para seguir participando en el contexto global del negocio agroalimentario.



