Herencia de emprendimiento y pasión por el trabajo
En la casa de los Ruiz Tagle Lyon en Colina es casi inevitable hablar del trabajo. No porque sean trabajólicos, sino porque el tema les entusiasma, los entretiene y apasiona. Además, porque poco a poco se han ido contagiando con el espíritu del papá, Gonzalo Ruiz Tagle Serrano, quien lleva el emprendimiento en la sangre y todo el tiempo está creando proyectos, desarrollando nuevas ideas y sin quererlo, ha ido convocando a sus hijos a participar del proyecto empresarial familiar.
Proveniente de una tradicional familia de Colina, décimo de once hermanos, a los 6 años sufrió la muerte de su padre, lo que lo marcó en su forma de ser y le enseñó a ser más independiente y autosuficiente. Tenía 20 años cuando en 1980 decidió dejar su carrera de ingeniería civil, para seguir su buen olfato para los negocios y tomar camino propio.
Partió por lo que conocía: las hortalizas y frutas que siempre había visto crecer en las tierras de su familia. Por esos años el mercado interno de estos productos era informal y se limitaba a ferias, verdulerías y tímidamente comenzaban a entrar a los primeros locales de supermercados, así es que Gonzalo Ruiz Tagle sabía que ahí había un rubro por explorar. Partió con uvas, carozos y verduras como zanahorias, lechugas, tomates y cebollas.
“Don Horst Paulman, el dueño del Jumbo iba personalmente a comprar a la vega para abastecer su supermercado Jumbo que estaba en la calle Kennedy, cuando el camino era de tierra”, recuerda. “Yo dije ésta es la mía, así es que fui a hablar con él para ofrecerle los productos que podía conseguir en Colina. Me dijo que sí, así es que partí abasteciéndolo permanentemente”, explica.
Con ese mismo desplante, fue a hablar con otros grandes empresarios supermercadistas de la época como Luis Costa, dueño de la Bandera Azul y Eukeni Gallastegui dueño del supermercado Agas, quienes también lo incorporaron como proveedor. Así comenzó a tomar fuerza su empresa y poco a poco fue introduciendo productos de especialidad transformándose en pionero en algunas especies como choclos dulces y tomates en racimo. “Trabajaba muchísimo, me levantaba a las 5 de la mañana para ir a dejar la fruta y la verdura y me acostaba a las 11 de la noche preparando las cosas del día siguiente”, recuerda. Y el esfuerzo dio sus frutos, porque le empezó a ir bien gracias a sus tres consignas: calidad, cumplimiento y constancia. “Si me llamaban a las 4 de la tarde un sábado porque estaban quedando cortos de melones, yo tenía que llegar con los melones, como fuera, el supermercado no podía quedarse sin producto”, relata Ruiz Tagle.
En ocho meses logró juntar plata para comprar un campo de 13 hectáreas en Colina. Ahí hizo su casa y es donde actualmente vive junto a su señora, Soledad Lyon y sus hijos.
Ahí también comenzó a producir sus propias hortalizas que representaban cerca de un 40% de sus ventas, el resto lo compraba a productores de Colina.
El crecimiento del negocio de los supermercados y la incorporación de más locales trajo más competencia y exigencias para los proveedores de frutas y hortalizas. Por eso Ruiz Tagle tuvo que ponerse al día en preparar sus entregas para lo cual implementó un packing donde embalaba sus productos y los procesaba.
Mercado gourmet
Frente a tanta competencia lo suyo fue potenciar el concepto de una “verdulería ambulante” en la cual manejaba cerca de 10 productos.
Pero también sabía que tenía que mirar más allá y proyectar un negocio con futuro. Por eso, bajo la misma fórmula, comenzó a exportar productos de especialidad. Partió el año 1986 con uvas y espárragos.
¿Cómo se abrió mercado? “Siendo patudo. Empecé a viajar, a averiguar, hablaba con uno y con otro. En esa época había muchas limitantes, para empezar el idioma, los trámites del USDA, muchas exigencias y requisitos. Pero finalmente todo se podía hacer. Sólo hacía falta ponerle empeño”, cuenta.
Asociado con un hermano, a partir del año 1987 la exportadora ya comenzaba a tomar forma, y había empezado a incorporar productos novedosos como el radichio. “Era mediados de los 80 y estaba cambiando la manera de comer en Estados Unidos. Había una buena oportunidad de llevarles productos diferentes”, explica Ruiz Tagle Serrano.
En 1990, tras dejar la sociedad con su hermano, se asoció con un empresario chileno y otro estadounidense para crear una empresa de distribución en Estados Unidos. “Nosotros importábamos productos de especialidad de distintos países del mundo aparte de Chile: Holanda, Centro América, México, Italia. Manejábamos una lista de casi 120 productos distintos, funcionábamos los 365 días del año. “Nosotros éramos incapaces de vender una caja de manzanas, pero sí pimentones de cuatro colores o diferentes tipos de berenjenas”, explica.
La demanda crecía cada vez más y con ello los viajes y el trabajo se intensificaba, así es que decidió dejar el abastecimiento a supermercados.
Tras exitosos años de comercialización, por distintos factores ajenos al negocio, el 2008 los socios deciden separarse y vender la empresa distribuidora en Estados Unidos.
Sin embargo Gonzalo decidió seguir en el rubro que tanto le gustaba y en el que ya había ganado una gran expertisse, exportando desde Chile productos de especialidad, básicamente espárragos, frambuesas, uva y arándanos.
“La idea era seguir abasteciendo a la gente a la cual le vendimos la empresa”, explica Ruiz Tagle.
Un paso para la expansión
Junto con disolver la distribuidora, el empresario se vio enfrentado a una importante decisión para su empresa y para su familia al incorporar a su hijo Gonzalo en la gestión. Ingeniero Civil de profesión, tras haber trabajado en otras empresas sabía que de su papá recibiría una enseñanza desinteresada y al mismo tiempo podía proyectarse en el negocio de la familia. “Yo vine para acá a aprender de mi papá”, reconoce. Partió de a poco, mirando, interiorizándose en todos los procesos, pero no demoró mucho en empezar a lanzar ideas y a proponer nuevos proyectos.
Tras un período de ajuste la dupla empezó a funcionar y la empresa empezó a crecer año a año. Para paliar los efectos del bajo tipo de cambio decidieron aumentar los volúmenes de exportación pero vieron que necesitaban infraestructura para dar soporte a este crecimiento. Así armaron una empresa de servicios, con cámara de frío, cámaras de fumigación, maquinaria de proceso, agencia de carga y todo lo necesario para facilitar la exportación, que podía servirles a ellos o atender a terceros. “Vimos que para poder mantener las velocidades y manejar los flujos teníamos que armarnos nosotros mismos y crecer más en packing, en proceso y en frío”, dice Ruiz Tagle Lyon. Esto les dio sustento para consolidarse y seguir creciendo.
Hoy de las 400.000 cajas que exportan, cerca del 20% corresponde a producción propia de sus campos de Colina y Parral, porción que esperan poder aumentar en los próximos años a partir de una mayor expansión territorial.
Es que en su amplia experiencia han visto que para hacer una buena comercialización es necesario conocer muy bien el producto y para ello hay que producirlo, de manera de saber efectivamente cuál es la problemática que involucra su producción. Por lo mismo se involucran directamente en la gestión de los productores ayudándolos a ser más eficientes y a tener buenos resultados.
Hace tres años formaron un joint venture con otras familias de Estados Unidos, grandes productores de arándanos, para comercializar gran parte de su producción en esta especie en el mercado norteamericano. Más allá del negocio mismo en estos años que llevan trabajando han ganado también en transferencia tecnológica y conocimiento del mercado.
Apuesta a ganador
El tema de la llegada de los hijos a trabajar no fue fácil para este empresario, acostumbrado a guiarse por su olfato y a tomar decisiones solo. Pero poco a poco se fue dando cuenta que la sociedad valía la pena y que juntos podían lograr grandes cosas. Tanto, que hoy Ruiz Tagle padre reconoce que la llegada de su hijo “revitalizó la empresa”.
“A mí me costó mucho tomar la decisión de trabajar con mis hijos, no es fácil porque los caracteres son distintos y hay lazos afectivos de por medio. Cuando tienes un empleado si tienes un problema, se va, con un hijo se puede crear todo un quiebre familiar”, observa.
Pero también tenía claro que para armar un proyecto exitoso lo fundamental es tener un buen equipo humano con lealtad a toda prueba y en eso nadie mejor que sus hijos podría responder.
Por eso cuando necesitaron una persona que los ayudara a administrar y estructurar la empresa no dudaron en pensar en Catalina, la mayor de los Ruiz Tagle Lyon, quien estudió ingeniería comercial y trabajó en empresas del sector financiero e industrial. Su llegada no solo ayudó a ordenar la empresa sino que además resultó ser una especie de neutralizadora de las diferencias que pudieran surgir entre su hermano y su papá. “Acá todos muy hacedores de cosas entonces tiene que haber alguien que vaya amarrando los proyectos, que los lleve a números y que le de curso a lo que van haciendo”, dice Catalina.
La actividad fue agarrando más vuelo. Las ventas comenzaron a crecer de manera importante así es que crearon una especie de gobierno corporativo y dividieron las diferentes áreas de inversión de la familia e instauraron un comité de trabajo para cada una de ellas con miembros de la empresa y externos que le dan una mirada más global al negocio.
Estas son el área agrícola o productiva; la exportadora; la empresa de servicios de exportación; el área inmobiliaria y otros negocios.
“Ahí cabe todo lo que se le va ocurriendo al papá”, se ríen sus hijos. Ahora, por ejemplo, está haciendo una maestranza, está involucrado también en un proyecto de producción de combustibles a partir de algas y está pensando en la creación de un centro de eventos.
Para tanta actividad bien valía la pena tener la asesoría permanente de un abogado, por eso incorporaron a Javiera, la tercera de los hermanos. Ella partió a fines del año pasado viendo los temas inmobiliarios, particularmente del parque industrial que desarrollaron en Lampa donde está ubicada la oficina y la empresa de servicios, pero poco a poco ha ido entrando en todas las áreas de la empresa. “El papá no para, se le ocurren una cantidad de cosas, que es imposible seguirle el ritmo, por eso hay que estar viendo como aterrizar sus proyectos, y acotarlos”, asegura Javiera.
Lo que todos tienen claro es que lo que al papá se le ocurre hay que hacerlo, aunque no tenga mucho análisis. Finalmente confían en la experiencia y en su olfato ya probado para hacer negocios. Por eso saben que están en el lugar correcto, porque están consientes que si a ellos, que conocen a su papá y lo entienden, les cuesta seguirle el ritmo, para otros sería imposible.
Con el equipo ya armado y con la buena experiencia que han forjado, esperan crecer y generar espacios para integrar también a sus otros hermanos, donde cada uno se pueda desarrollar según sus propios intereses y habilidades. Así la Teresita podrá asesorarlos en materia de diseño, que es su fuerte; la Victoria en áreas relacionadas al campo, que es lo que le gusta e Ignacio en materia comercial, área donde muestra grandes condiciones.
Tras haberse estructurado los Ruiz Tagle Lyon miran al futuro sin límites para crecer y desarrollarse. Por ahora pretenden consolidarse y seguir expandiendo las áreas que manejan, pero además apuestan a potenciarse con nuevos proyectos en logística. “Ahí hay un gran potencial donde podemos tener ventajas comparativas”, dice el fundador.
Un rol clave en la incorporación de los hijos a la empresa y en todo el proceso de organización ha tenido la mamá, Soledad Lyon. Aunque ella no está en la oficina, siempre ha estado presente “tras bambalinas” apoyándolos e instándolos a mirar más allá del día a día preservando siempre la unidad familiar. Eso es también lo que reflejan: una familia aclanada que junto con haber conseguido una importante proyección empresarial, disfrutan estando juntos.



