Visión internacional para el desarrollo del negocio frutícola y forestal
Frutifor, la empresa de esta familia de origen holandés – alemán ha crecido complementando ambas actividades, generando economías y desarrollando un exitoso modelo exportador.
La entrada de Frutifor está presidida por cuatro banderas: una chilena, una alemana, otra holandesa y una canadiense. Ubicada en medio de las montañas en la precordillera de la región del Maule, está la empresa de la familia Van Bavel, que reúne la visión y la experiencia internacional con un profundo arraigo, cariño y compromiso con la tierra chilena.
Fue el año 1970 cuando Andreas Van Bavel llegó junto a su mujer Benita Von Finckenstein a Chile para hacerse cargo de la gerencia de ventas de Celulosa Arauco. Luego de vivir en distintos lugares, como Canadá, Argentina y Uruguay, echaron raíces en Santiago donde educaron a sus cuatro hijos.
Por su trabajo, Andreas conocía bien el negocio de los pinos y se entusiasmó con la idea de plantar algunas hectáreas para el futuro. Pensando en invertir en algún negocio para su jubilación que fuera complementario al forestal llegó a la fruticultura. “Yo había viajado muchísimo aquellos días para acreditar la celulosa, y me toco en Sudáfrica conocer a unos amigos que combinaban las dos cosas, boques y al mismo tiempo fruta. Ahí me di cuenta de que muchas de las actividades de una estación del año se compensan con otras de la otra mitad del año”, cuenta Van Bavel.
Coincidió que había conocido un lugar que lo cautivó, en la comuna de Molina, VII, Región. “Cuando llegué acá, me enamoré del lugar por lo bonito y como tenía animales en el sur que tenían que comer, decidí quedarme”, comenta.
Y pese a que no tenían experiencia en la producción de fruta partió con lo difícil: la plantación de
Emprendedores y visionarios
Todo lo relativo al negocio frutícola lo veía en forma paralela a su trabajo, con la ayuda de su señora Benita quien viajaba a supervisar, a hacer trámites, llevar papeles y todos lo que fuese necesario.
El año 87 pusieron los primeros kiwis y vieron que el tema del riego era un punto crítico para el buen funcionamiento del negocio. Habían dos grandes problemas: la conducción del agua y las heladas, por lo que decidieron hacer un tranque en altura para aprovechar la pendiente y ahorrar energía y un sistema de riego por aspersión. En tiempos en que las grandes obras de riego no se habían masificado, algunos los tildaron de locos, por hacer un proyecto tan complejo, pero por su formación y por todo lo que habían estudiado tenían claro que valía la pena hacer una buena inversión con la máxima tecnología disponible en ese momento.
Para diversificar aún más la oferta el año 94 plantaron manzanas.
Ese mismo año, tras 25 años de trabajo en Celulosa Arauco, Andreas Van Bavel jubila para instalarse en un 100% en su empresa familiar, que ya venía creciendo de manera importante.
A los negocios frutícola y forestal en Chile habían sumado la plantación de pino y eucaliptus en la zona norte de Uruguay, aprovechando su experiencia y un impulso de ese país a la forestación, transformándose en uno de los pioneros en ese rubro.
Los constantes viajes al extranjero y la atención de las distintas actividades en Arauco, Uruguay y el campo, exigían mucha dedicación.
El año 2002 llega a trabajar formalmente Andre, el segundo de los hijos Van Bavel Von Finckenstein. Tras recibirse como agrónomo en Canadá y trabajar en su propia empresa por 12 años, se integra a Frutifor, dándole un importante impulso hacia la modernización y profesionalización. “Cuando las empresas empiezan a crecer hay que ordenarlas. Decidimos centralizar los negocios de producción de fruta mas los bosques de Arauco y Uruguay en El Yacal . Se centralizó la contabilidad, la toma de decisiones, compras e inversiones, de manera de generar economías de escala”, cuenta André hijo.
Con la empresa más armada, los Van Bavel materializaron el anhelo de tener su propio packing y poder comercializar solos su fruta.
“Andre llegó en un momento en que la empresa empezó a crecer muy fuerte. En 9 años pasamos de vender US$50.000 dólares a vender US$5 millones”, dice el fundador de Frutifor
En efecto, Andre asumió como gerente general de la empresa tomando además a su cargo el área comercial de la fruta y la madera, tanto en Chile como en Uruguay donde actualmente tienen 1500 hectáreas de bosque. Sus conocimientos de los mercados externos, su idioma natal y algunos contactos, le permitieron construir redes comerciales para sus productos y lograr una exitosa y promisoria gestión comercial.
Junto con la producción forestal, instalaron tres aserraderos ubicados en Uruguay, Arauco y otro en la VII Región. “La idea es hacer productos mas elaborados y agregarle valor a nuestros productos”, explica Van Bavel.
Hoy las inversiones de la familia están equilibradas en el área forestal y frutícola con 4500 hectáreas de bosques, sobre
RSE
La gran actividad de Frutifor comenzó a arrastrar a todo el pueblo de El Yacal. Más puestos de trabajo, más necesidades, más gente, más comercio, arreglo de calles, luz eléctrica, agua potable… una cosa trajo a la otra. Sólo en la actividad frutícola durante el año tienen una dotación estable de 150 personas, las cuales representan aproximadamente el 80% del pueblo.
Cuando llegaron, la mayoría de la gente no lograba llegar a IV medio y vieron de qué manera podrían incentivarlos a terminar sus estudios. Junto a otros vecinos de la comuna de Molina hicieron una fundación para ayudar al desarrollo de la gente de la comuna a través de la educación, partieron por entregar lo más básico para estimularlos a ir a clases: uniformes, libros y transporte. Hoy gracias a los aportes de la fundación todos salen con educación media completa e incluso gracias a las becas que entregan, algunos han alcanzado a acceder a estudios superior.
En los alrededores del campo de Arauco está el pueblo de San José de Colico donde también han intervenido con ayuda para estimular su desarrollo.
Otro de los temas que los motiva, es la generación de energía. “Todo el país esta preocupado del tema energético. Si no actuamos ahora, Chile en 6 años más tendrá una catástrofe en este sentido. Cada uno tiene que buscar como solucionar su necesidad eléctrica ya sea a través del agua, viento o geotermia”, dice Andreas Padre. Es por eso que tienen diseñado todo un plan de generación eólica a través de plantas que se instalarán próximamente en uno de sus predios en Arauco.
Proyección
Con la empresa bien estructurada, hoy los Van Bavel ven el futuro con optimismo.
Apuestan por el crecimiento del negocio frutícola a través de una mayor producción de manzanas, arándanos y kiwis. En el caso de la exportadora esperan seguir creciendo en volumen a través de ventas de fruta propia y de terceros, que hoy representa casi el 50% de lo comercializado.
“Hay cosas seguras pero poco rentables o cosas muy rentables pero poco seguras. Nuestra empresa quiere matizar el área fruta y forestal que representan estas dos visiones”, dice el padre.
Tal como lo han hecho hasta ahora, manteniendo el sello conservador del fundador de Frutifor, buscarán crecer a través de financiamiento propio, manteniendo la propiedad en manos de la familia. Por eso se han preparado en materia de empresas familiares y desde hace un par de años participan en los Foros de Empresas Familiares de la Universidad de Los Andes.
Si bien los otros tres hijos viven en otros países, todos están informados del negocio de la familia ya que participan en la propiedad. “El directorio de esta empresa es la familia. Ellos son los dueños yo soy sólo el presidente”, comenta el patriarca.
Karen, la mayor vive en Londres; Irene, la tercera vive en Atlanta y Rene, el menor vive en España. “Nos juntamos una o dos veces al año en diferentes lugares. Somos una familia muy unida y pese a que vivimos todos en distintos países nos vemos a veces más que familias que viven en el mismo país”, sostiene André hijo. En esas instancias se ponen al día con las cosas de la empresa, aunque más que nada, se reúnen para estar juntos y pasarlo bien.
Este año Benita y Andreas celebraron 50 años de matrimonio y lo celebraron en grande junto a sus cuatro hijos y 9 nietos en Canadá.
Con este sello de apertura y flexibilidad de adaptación a diferentes países, culturas e idiomas se ha forjado esta familia que rescata lo mejor de cada lugar creando su propia cultura, marcada por el esfuerzo, el trabajo bien hecho, la alegría y la unidad en torno a la familia.
Asociatividad, clave en el proceso exportador
Con los ojos puestos en las tendencias mundiales de comercialización, los Van Bavel tienen una visión crítica del proceso exportador chileno, apuntando que acá cada uno vela por sus intereses, dejando de lado el interés global de la industria exportadora frutícola. Apuntan casos como el de Nueva Zelanda o Estados Unidos, donde existe una coordinación entre productores y exportadores para vender productos con ciertos estándares, lo que redunda en una mejor imagen de los productos en los mercados externos y mejores precios para toda la industria.
“En chile la comercialización de la fruta está en pañales, por ejemplo los kiwis de Nueva Zelanda llegan a Roterdam todos en la misma caja , con una presentación uniforme, la misma condición, calibre y color. Hay que exportar lo que los mercados piden, no lo que nosotros queremos”, dice el presidente de Frutifor.
“Uno de los grandes problemas que hemos tenido en materia de comercialización es la falta de capacidad colectiva de la cultura chilena. Esto a Chile le esta haciendo daño. Ahora se están juntando algunos productores en comités pero han dejado pasar mucho tiempo y se nos han adelantado otros países que sí se han organizado. Esto desafortunadamente nos obliga a competir entre nosotros por precio, afectando en forma importante el margen del negocio”, señala Andre hijo.



